Producción literaria

Su poema más conocido es la Oda de Afrodita, Safo rendía culto a Afrodita, diosa del amor y de la belleza. En pleno siglo XX, aparece un papiro con seis fragmentos de sus poemas y la Oda a las Nereidas.

La poesía de Safo se caracteriza por su sencillez expresiva, su intimismo y su profundo sentimiento. Sus versos tienen un gran apasionamiento y dejan constancia de su atracción y relación por otras mujeres. Se sabe que Safo tuvo relaciones con amantes masculinos y especialmente con el poeta Alceo, del que habla en sus poemas, que había participado, como ella, en la conspiración contra el tirano Pitaco.

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En su Oda a Afrodita, pide a la diosa que le regale los favores de sus amantes. Es la confidente, la que intercede cuando el sentimiento amoroso conduce a la locura.

“Sentada en el trono del Arco Iris / pérfida Reina de la Belleza, / te lo suplicó, / no dispongas para mí las trampas / de tu decaimiento, de tu tormento. / Escucha, clemente, mi oración, / como lo hiciste aquella vez, / en la que, para atender mi suplica, / seguiste la ruta de los astros / sobre tu hermoso carro”.

Un poeta de la antigua Grecia habló de ella diciendo: “la tierra no cubre a Safo más que las cenizas, los huesos y su nombre, su discreto canto disfruta de la inmortalidad”. Su estilo influyó en muchos poetas de la época y en otros posteriores como Teócrito, Ovidio o Cátulo.

Cabe considerar la obra poética de Safo como revolucionaria, en cuanto que da una visión del mundo, desde la óptica femenina, en contraposición a la visión dominante masculina, donde el mundo heroico, la violencia, la poesía épica del momento y las gestas militares son las dominantes en aquel mundo.

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Safo y Faón (Jacques-Louis David, 1809)

Ante esta visión de un mundo guerrero masculinizado, aportó una posición subjetiva y crítica de la fuerza. Toma como prioridad de su arte, su propio mundo íntimo del ser humano. Sus versos reciben el mensaje de su alma más interior, o para que los demás nos identifiquemos con ella, o por el otro lado lo repudiemos.

Safo fue siempre ella misma y nunca mintió a nadie. Buscó la perfección y la belleza más sublime, todo ello enmarcado en una gran intensidad y un profundo sentimiento. Entre sus cualidades intelectuales estaba un gran conocimiento de la música y de la danza, por la que su obra poética refleja los ritmos y los metros novedosos. Muy conocidas son sus estrofas y oda sáfica, que se formaba con tres endecasílabos y un adónico final de once sílabas.

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Las antiguas composiciones líricas griegas no se hacían solamente para ser leídas, sino que se cantaban y siempre eran acompañadas por algún instrumento musical, habitualmente la flauta, la cítara o la lira. En el caso de Safo no solamente las escribía sino que les ponía música e incluso como era la danza acompañante con los pasos adecuados pues ella era una gran danzante.

Se sabe, que Safo murió ya madura en el año 570 a C. En sus últimos poemas muestra un estado de ánimo placentero, feliz consigo misma y con las cosas que le rodean.

Es posible encontrar en muchas partes de Grecia después de su muerte monedas con su efigie y numerosas estatuas. Incluso Platón le admiraba tanto que se refirió a ella como “la décima Musa”.

Safo junto con Aspasia de Mileto, son consideradas como las mujeres más importantes de la Grecia Clásica, estando al mismo nivel que personajes tan celebres como Aristóteles, Platón o Pericles.

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Safo empezó a desaparecer cuando, en el año 1073, el Papa Gregorio VII ordenó quemar todos los manuscritos con los poemas sáficos, considerados inmorales y pecaminosos, con lo que se perdió para siempre una parte muy importante de su obre poética. Una vez más la Iglesia con su ortodoxia intolerante y doctrinaria ha impedido que llegara la labor ingente de esta poetisa del sentimiento e intimidad.

Amor, que pecho mío / continuamente agita, / es dulce y es impío, / y es más que una avecita / volátil y ligera. / ¡Ay! De su dardo fiero, / ¿Quién consiguió victoria? / Renueva, amada mía, / renueva la memoria / de cuando Atis ardía, / tu dulce amor odiaba / y a Andromeda estimaba. / Desciende Venus bella, / y en las doradas copas / con el suave néctar, / mezcla purpúreas rosas, / y a mis dulces amigos / que tu deidad adoran / con divinal bebida / inspira y alboroza.

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